Nos tardamos unos días en subir el nuevo número, entre el puente y otras cosas, pero aquí está. Para todos aquellos que no pudieron conseguir el periódico El sudcaliforniano, o para los que quieran revisarlo de nuevo, aquí está:
En este número:
Francisco Luna
Christopher Amador
Iván Gaxiola Beltrán
Luisa Ruiz
La invitación sigue abierta para todos. El número 12 de la revista sigue armándose, por lo que todavía hay tiempo para sus colaboraciones.
miércoles, 19 de noviembre de 2008
domingo, 2 de noviembre de 2008
Suplemento literario 25
Va el link para que puedan visualizar la página completa del suplemento. Salió publicado hoy, y para los que no pudieron conseguir El Sudcaliforniano aquí está:
Suplemento 25
En este número:
J. M. Agúndez
Alejandra López Tirado
Iván Gaxiola Beltrán
Suplemento 25
En este número:
J. M. Agúndez
Alejandra López Tirado
Iván Gaxiola Beltrán
lunes, 20 de octubre de 2008
Suplemento No. 24
Les compartimos, de cuerpo completo, el más reciente suplemento publicado en El Sudcaliforniano [les debemos los números pasados]:
viernes, 14 de diciembre de 2007
Vianey Ruelas
Es la hora en que las sombras
poco a poco se ensimisman.
Hoy decidí caminar hasta verte
fuerte, grácil, animoso
-pero mas hermoso que verte
y escucharte hablar es poseerte:
hay una lucha por dentro
que nace de la carne
de la primitiva hazaña
de buscar errante
el sentido fugaz del alma
para que no se rasgue.
poco a poco se ensimisman.
Hoy decidí caminar hasta verte
fuerte, grácil, animoso
-pero mas hermoso que verte
y escucharte hablar es poseerte:
hay una lucha por dentro
que nace de la carne
de la primitiva hazaña
de buscar errante
el sentido fugaz del alma
para que no se rasgue.
Rolando Faraón Placier Castro
Sin más faro que tus ojos
Apareces en mi vida como llovizna, justo en el momento en que la aridez de mi alma es insoportable.
Entras en mí en una osmosis perfecta. Te bebo a diario y nuestra relación piel a piel, me alimenta como una simbiosis de seres unicelulares.
Levas mis anclas y sueltas mis amarras. Despliegas mis velas, que henchidas con tu aliento, me hacen volar, viajar, sin más rumbo que la libertad y sin más faro que tus ojos. Me gusta.
Apareces en mi vida como llovizna, justo en el momento en que la aridez de mi alma es insoportable.
Entras en mí en una osmosis perfecta. Te bebo a diario y nuestra relación piel a piel, me alimenta como una simbiosis de seres unicelulares.
Levas mis anclas y sueltas mis amarras. Despliegas mis velas, que henchidas con tu aliento, me hacen volar, viajar, sin más rumbo que la libertad y sin más faro que tus ojos. Me gusta.
Rogelio Domínguez S.
Pared
Qué poder tienes, si me acerco a ti desapareces mi sombra. En ti recargo mi espalda y descanso mi fatiga; tus caras, muchas veces maquilladas otras veces con telarañas, me dan confianza. Testiga muda, guardadora de secretos, siempre callada y ciega, encerradora de misterios, cómplice de locuras, atajadora de vientos, guardadora de vergüenzas, protectora de sueños. Atrás de ti se ríe, se llora y tú marcas el silencio. Alrededor de ti siempre habrá gritos y recuerdos.
Tú eres la barrera, después de ti está la imaginación.
Qué poder tienes, si me acerco a ti desapareces mi sombra. En ti recargo mi espalda y descanso mi fatiga; tus caras, muchas veces maquilladas otras veces con telarañas, me dan confianza. Testiga muda, guardadora de secretos, siempre callada y ciega, encerradora de misterios, cómplice de locuras, atajadora de vientos, guardadora de vergüenzas, protectora de sueños. Atrás de ti se ríe, se llora y tú marcas el silencio. Alrededor de ti siempre habrá gritos y recuerdos.
Tú eres la barrera, después de ti está la imaginación.
Mario Montaño
Estás muerta
irremediablemente muerta
siempre tan inerte ante mi tacto,
perdida en el mundo de mis recuerdos
ante el muro esquelético
de mi sombra,
de mi existencia
Postrada ante los fantasmas
de mi infancia.
La noche cae sobre nosotros
y una barca nos dice adiós
desde el puerto,
se pierde el mar
que nos salpica todo su llanto
a miles de distancias de nosotros,
y desde el puerto decimos adiós
con nuestra forma tan peculiar de despedirnos.
Ya sólo somos un pequeño punto en la distancia
y cada vez más lejano.
Estás muerta
interminablemente muerta,
y te sienta tan bien ese vestidito negro
que descuelga tu belleza,
que te hace ser única.
El temor de saberme tan solo
hace que te llame a gritos
pero tus pasos amortajados
van en dirección opuesta,
algo nos ha iluminado el rostro
pero no podemos observarnos,
sólo dos sombras que se llaman en la oscuridad
y no terminan de alcanzarse.
Nos vamos sintiendo tan viejos
que nos recostamos a descansar en nuestra tumba
pero el cansancio es tal
que nos duelen los huesos y el alma
el sueño nos va llamando a gritos,
y es entonces que cerramos los ojos
cerramos el llanto,
cerramos la memoria,
cerramos el dolor de nuestras vidas
para no vernos nunca más.
irremediablemente muerta
siempre tan inerte ante mi tacto,
perdida en el mundo de mis recuerdos
ante el muro esquelético
de mi sombra,
de mi existencia
Postrada ante los fantasmas
de mi infancia.
La noche cae sobre nosotros
y una barca nos dice adiós
desde el puerto,
se pierde el mar
que nos salpica todo su llanto
a miles de distancias de nosotros,
y desde el puerto decimos adiós
con nuestra forma tan peculiar de despedirnos.
Ya sólo somos un pequeño punto en la distancia
y cada vez más lejano.
Estás muerta
interminablemente muerta,
y te sienta tan bien ese vestidito negro
que descuelga tu belleza,
que te hace ser única.
El temor de saberme tan solo
hace que te llame a gritos
pero tus pasos amortajados
van en dirección opuesta,
algo nos ha iluminado el rostro
pero no podemos observarnos,
sólo dos sombras que se llaman en la oscuridad
y no terminan de alcanzarse.
Nos vamos sintiendo tan viejos
que nos recostamos a descansar en nuestra tumba
pero el cansancio es tal
que nos duelen los huesos y el alma
el sueño nos va llamando a gritos,
y es entonces que cerramos los ojos
cerramos el llanto,
cerramos la memoria,
cerramos el dolor de nuestras vidas
para no vernos nunca más.
Elizabeth Cerecer
Fatamorgana
“Después de largo rato de recorrer el desierto,
ya no lo vemos: vemos otro desierto
que se nos ha tatuado en el espíritu”
Gabriela Mistral
1
El desierto es más grande que todo.
Mayor incluso que la suma de sus granos.
Horizonte baldío, ondulante resumen de obsesiones
polvo en cascada que mana de la abierta herida
que es el tiempo del viento.
Su confín, si acaso, es nada:
apenas la frontera que marca otro infinito replicado.
Territorio sinfín de sílice y espectros
fragmentos de absorta eternidad ensimismada
como espejos de sí
sopa vidriada de reflejos que te observan
en esa imagen dual por sí multiplicada.
Salvaje travesía por la desolación
el desierto es lengua en reinvención
cristal de textos en que yacen profundos desamparos.
No vagan por él héroes que invoquen el misterio
(¿Qué objeto tiene sondar en el desierto?).
Es él el sordo que predica y ara:
Todo en mí es elusivo tiempo y continente
de fuerzas invisibles que me mueven.
Fatamorgana soy y soy rescoldo
vigilia antagonista objeto en fuga.
Desencuentro
espejismo
reverbero.
Bajo el erial de átomos hirvientes
aterrados, oscuros, soterrados
no se hunden los verbos en la misma arena.
Siempre será otra, diversa,
venida del confín próximo (que es nada)
la que inunde, seca, con sus ocres tonos
la médula del ser.
¿Qué ser nada en la nada del desierto?
¿Qué es ser nada en su ser?
(Eres tú el solitario, el que no encuentra;
nunca el desierto que se tiene a sí
y al régimen de luz en que se baña).
“Después de largo rato de recorrer el desierto,
ya no lo vemos: vemos otro desierto
que se nos ha tatuado en el espíritu”
Gabriela Mistral
1
El desierto es más grande que todo.
Mayor incluso que la suma de sus granos.
Horizonte baldío, ondulante resumen de obsesiones
polvo en cascada que mana de la abierta herida
que es el tiempo del viento.
Su confín, si acaso, es nada:
apenas la frontera que marca otro infinito replicado.
Territorio sinfín de sílice y espectros
fragmentos de absorta eternidad ensimismada
como espejos de sí
sopa vidriada de reflejos que te observan
en esa imagen dual por sí multiplicada.
Salvaje travesía por la desolación
el desierto es lengua en reinvención
cristal de textos en que yacen profundos desamparos.
No vagan por él héroes que invoquen el misterio
(¿Qué objeto tiene sondar en el desierto?).
Es él el sordo que predica y ara:
Todo en mí es elusivo tiempo y continente
de fuerzas invisibles que me mueven.
Fatamorgana soy y soy rescoldo
vigilia antagonista objeto en fuga.
Desencuentro
espejismo
reverbero.
Bajo el erial de átomos hirvientes
aterrados, oscuros, soterrados
no se hunden los verbos en la misma arena.
Siempre será otra, diversa,
venida del confín próximo (que es nada)
la que inunde, seca, con sus ocres tonos
la médula del ser.
¿Qué ser nada en la nada del desierto?
¿Qué es ser nada en su ser?
(Eres tú el solitario, el que no encuentra;
nunca el desierto que se tiene a sí
y al régimen de luz en que se baña).
lunes, 26 de noviembre de 2007
Suplemento número 8
Aquí abajo está el material que publicamos el domingo pasado. Les agradeceremos sus comentarios. Que lo disfruten.
Martha lizeth Sepúlveda González
PROFUNDO
Todo
lo que soñabas
yace en el aire
de tu almohada
Suspiro sin sueño
Ya no
existe el tiempo
para volver y tomar
tu mano
Torrente sin vida
Buscar
la arena perdida
de los recuerdos
y volver
sobre los sueños
que pisamos
con las huellas
ahogadas de soledad
Nunca logramos nadar
Abortando
las palabras
me desangro
con el grito contenido
en el pensamiento que aturde
mis entrañas desgarradas
Todo
lo que soñabas
yace en el aire
de tu almohada
Suspiro sin sueño
Ya no
existe el tiempo
para volver y tomar
tu mano
Torrente sin vida
Buscar
la arena perdida
de los recuerdos
y volver
sobre los sueños
que pisamos
con las huellas
ahogadas de soledad
Nunca logramos nadar
Abortando
las palabras
me desangro
con el grito contenido
en el pensamiento que aturde
mis entrañas desgarradas
Vico Caballero
Expropiación
Su nacimiento.
Hay vidas que duran dos instantes:
Su nacimiento y su muerte.
Hay vidas que duran tres instantes:
Su nacimiento, su muerte y una flor>
Roberto Juarroz
Nuca nadie supo cómo inició aquél romance. Mucho menos qué determinó el revolucionario desenlace. Lo único que supimos fue mínimo, casi una increíble tomada de pelo. Y sólo porque el recepcionista en turno se vio obligado a llamar a la policía para reportar el hecho insólito.
Es una pareja común y corriente, el señor tenía un aire jovial, era bajo de estatura, digamos que una estatura promedio. La mujer también era de lo más natural, sencilla, casi hubiera pasado desapercibida de no ser por una risita que parecía más una mueca, como si no pudiera evitar contraer el rostro. Si ahora me pidiera una descripción de ellos me resultaría imposible, aunque debo reconocer, que si los volviera a ver los reconocería en el instante mismo.
Bueno, el caso es que llamaron a recepción unos huéspedes que se quejaban amargamente por el escándalo que provenía de la habitación de junto, como si estuvieran martillando las paredes. Fui de inmediato, como es mi deber, para averiguar las causas y solucionar el problema, esa es la manera como he ido ganándome la confianza de mis superiores.
Al momento de tocar la puerta con el anuncio paralelo de mi cargo en el hotel, seguido del motivo, la causa y la razón por las que molestaba su estancia, deslizaron por entre la puerta y el piso un sobre negro, lo abrí en el instante mismo en que lo tuve entre mis manos, dentro había una hoja color rojo que decía en letras grandes “expropiación. No nos vamos, no nos saca nadie de aquí”, y con un pequeño clip que sujetaba los billetes que cubrían dos días más de hospedaje por adelantado, razón por la que sólo me limité a pedirles no perturbar el orden del hotel.
Lo extraño. Oficial, es que no salieron de ahí en los dos días siguientes al reporte por el ruido, ni siquiera para pedir alimentos. En la mañana, antes de subir a avisarles que la habitación vencía puntualmente a las doce del medio día, una amable camarera me cuestionó los motivos por los que la habitación #1260 había sido tapiado totalmente.
No están muertos, señor reportero, yo mismo los he escuchado desde hace una año todas las noches. Y no hay duda de que se aman…
Su nacimiento.
Hay vidas que duran dos instantes:
Su nacimiento y su muerte.
Hay vidas que duran tres instantes:
Su nacimiento, su muerte y una flor>
Roberto Juarroz
Nuca nadie supo cómo inició aquél romance. Mucho menos qué determinó el revolucionario desenlace. Lo único que supimos fue mínimo, casi una increíble tomada de pelo. Y sólo porque el recepcionista en turno se vio obligado a llamar a la policía para reportar el hecho insólito.
Es una pareja común y corriente, el señor tenía un aire jovial, era bajo de estatura, digamos que una estatura promedio. La mujer también era de lo más natural, sencilla, casi hubiera pasado desapercibida de no ser por una risita que parecía más una mueca, como si no pudiera evitar contraer el rostro. Si ahora me pidiera una descripción de ellos me resultaría imposible, aunque debo reconocer, que si los volviera a ver los reconocería en el instante mismo.
Bueno, el caso es que llamaron a recepción unos huéspedes que se quejaban amargamente por el escándalo que provenía de la habitación de junto, como si estuvieran martillando las paredes. Fui de inmediato, como es mi deber, para averiguar las causas y solucionar el problema, esa es la manera como he ido ganándome la confianza de mis superiores.
Al momento de tocar la puerta con el anuncio paralelo de mi cargo en el hotel, seguido del motivo, la causa y la razón por las que molestaba su estancia, deslizaron por entre la puerta y el piso un sobre negro, lo abrí en el instante mismo en que lo tuve entre mis manos, dentro había una hoja color rojo que decía en letras grandes “expropiación. No nos vamos, no nos saca nadie de aquí”, y con un pequeño clip que sujetaba los billetes que cubrían dos días más de hospedaje por adelantado, razón por la que sólo me limité a pedirles no perturbar el orden del hotel.
Lo extraño. Oficial, es que no salieron de ahí en los dos días siguientes al reporte por el ruido, ni siquiera para pedir alimentos. En la mañana, antes de subir a avisarles que la habitación vencía puntualmente a las doce del medio día, una amable camarera me cuestionó los motivos por los que la habitación #1260 había sido tapiado totalmente.
No están muertos, señor reportero, yo mismo los he escuchado desde hace una año todas las noches. Y no hay duda de que se aman…
Juan Pablo Rochín
Escafandra
Mi ánimo esperaba una señal de los cielos benditos a medida que el frío aumentaba, que disminuía mi visión en las profundidades del buque hundido frente a Balandra, a medida que la aguja del tanque cedía, que mi pierna sangraba atorada entre las vigas del galeón de finales de siglo, a medida que mi trofeo entre las manos parecía pesar cada vez más. No pude asir la luz de la superficie por más esfuerzos que hice por extender los dedos. La superficie, lejos de los tiburones que venteaban como se me escapa la luz, era toda belleza, satisfacción, esperanzas, tranquilidad, estudios sobre biología marina en la UABCS. Entonces me acordé de las celebraciones de fin de año y decidí experimentar con otros injertos en los invernaderos del abuelo al pie del Aconcagua.
Mi ánimo esperaba una señal de los cielos benditos a medida que el frío aumentaba, que disminuía mi visión en las profundidades del buque hundido frente a Balandra, a medida que la aguja del tanque cedía, que mi pierna sangraba atorada entre las vigas del galeón de finales de siglo, a medida que mi trofeo entre las manos parecía pesar cada vez más. No pude asir la luz de la superficie por más esfuerzos que hice por extender los dedos. La superficie, lejos de los tiburones que venteaban como se me escapa la luz, era toda belleza, satisfacción, esperanzas, tranquilidad, estudios sobre biología marina en la UABCS. Entonces me acordé de las celebraciones de fin de año y decidí experimentar con otros injertos en los invernaderos del abuelo al pie del Aconcagua.
Bárbara Abaroa
Me sorprende el perfume
que desprende tu mirada
la voz de tus palabras
el reloj sereno de tus pasos
la bandada de pájaros que sale de tu cuerpo cuando ríes.
El silencio melodioso
de cuando callamos.
que desprende tu mirada
la voz de tus palabras
el reloj sereno de tus pasos
la bandada de pájaros que sale de tu cuerpo cuando ríes.
El silencio melodioso
de cuando callamos.
viernes, 16 de noviembre de 2007
Próximo Suplemento
El próximo suplemento saldrá el domingo 25 de noviembre. Por lo pronto, acá abajo está gran parte del material publicado en el suplemento #7. Ojalá sea de su agrado, y como siempre, le agradecemos a todos esos nombres que hacen posible esto.
Herminio Ahumada Garriga
Oráculo
Todo se pierde en un sinsentido,
en la traición de la célula y su irrevocabilidad
En la mundaneidad de lo conocido
Por la lucha de la carne contra su estado mineral
Huérfanos del espacio, mendigos del tiempo,
irreductibles en nuestra insaciabilidad
Amantes del hambre puta,
la muerte es concubina de nuestra única verdad
Encarnación vomitiva
Nuestro estado ideal...
Bastardos de Poro y Penia
no herederos de Afrodita y de su divinidad
Tal es la sentencia de Diotima
y su lógica de metal
Canto al viento, a la nada y al lodo
Con mi aliento de cobre, su sabor a metal
Quise ser Apolo, ahora soy Cuasimodo
descendiente del semen de Hefesto
del asco de Atenea
del escroto de Erictonio
ascendiente del Hades funesto
de la letal Makaira
de la caída de Patroclo
Soy guardián de la serpiente y de su nido
Lo cierto es el aforismo de Sileno
Morir pronto no haber nacido
Nuestro único consuelo
Todo se pierde en un sinsentido,
en la traición de la célula y su irrevocabilidad
En la mundaneidad de lo conocido
Por la lucha de la carne contra su estado mineral
Huérfanos del espacio, mendigos del tiempo,
irreductibles en nuestra insaciabilidad
Amantes del hambre puta,
la muerte es concubina de nuestra única verdad
Encarnación vomitiva
Nuestro estado ideal...
Bastardos de Poro y Penia
no herederos de Afrodita y de su divinidad
Tal es la sentencia de Diotima
y su lógica de metal
Canto al viento, a la nada y al lodo
Con mi aliento de cobre, su sabor a metal
Quise ser Apolo, ahora soy Cuasimodo
descendiente del semen de Hefesto
del asco de Atenea
del escroto de Erictonio
ascendiente del Hades funesto
de la letal Makaira
de la caída de Patroclo
Soy guardián de la serpiente y de su nido
Lo cierto es el aforismo de Sileno
Morir pronto no haber nacido
Nuestro único consuelo
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)