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sábado, 20 de octubre de 2007

Portafolio



Elizabeth Camacho

Espíritu libre dedicado a difundir su sentir a través del arte. Nació en el año de 1985, en un lugar llamado Autlán, Jalisco; durante este sueño llamado vida a utilizado el tiempo en aprender el arte de la pintura, experimentando con técnicas, colores, contrastes y texturas, hasta llegar a plasmar con cada pincelada ese nuevo sentimiento convertido en mensaje, que desde lo más profundo de su ser se emana.

Ha participado en numerosas exposiciones colectivas e individuales, difundiendo en cada una de ellas su visión y perspectiva de la vida, atraída por el movimiento y la belleza humana, ha sido reconocida en diversos concursos y muestras culturales.

Es ella sólo espíritu en constante crecimiento, que radicando en la ciudad de Mazatlán, vive día a día mostrando libremente su sentir con unos humildes trazos.

ing.caelico@gmail.com

Ariana Meza Meza

Comunión


Los gemidos resuenan en la pared de mi alma

estamos ya

tendidos en la arena

esperando que el agua lave nuestras caras

no hay tiempo

sólo nosotros

sólo los cansados músculos recuerdan la cabalgata

que apenas apreció y se desvanece

emulamos a los muertos

pero con un tenue latido

nos sentimos uno

descansamos

el viento limpia nuestros labios...

Alejandra López Tirado

El titiritero


El titiritero observaba su obra en silencio, no había guión y los hilos eran invisibles. El títere se enredaba solo, imaginaba, esperaba y creía suspendido en el mundo irreal, el mundo, que creaba a partir de la nada, del silencio, de la no respuesta, del no compromiso.
El cuento era tan claro como un hoyo negro, sin dirección y con el único sentido de la realidad alterna, que el títere creía forjar. Nada y todo se confundían en el no espacio, en el no tiempo, en la no promesa.
Destino cruel, manipulador, que enredaba y desenredaba, lastimando, ¿Quién podía ser responsable? Los hilos se movían solos, el títere en la inercia se había dejado ir, nadie le dijo que se moviera, no hubo palabra escrita o hablada, que le diera derecho a pensar, sentir, creer, se movía solo, el titiritero sólo observaba, de vez en cuando jalaba un pequeño hilo de forma tan sutil, que era imposible notar su presencia en la historia.
Libre albedrío lapidado por la fuerza de la imaginación, fuerza motora que suspendía, elevaba y dejaba caer al títere dejándole profundas marcas, rasgando vestiduras y volviéndolo a llenar de ideas, ilusión, esperanza.
Era uno, eran dos, no eran nada, sólo el títere bailaba. Iba y regresaba solo a la nada y de la nada, ¿Le dijo alguna vez, que había historia? ¿Le mostró algún camino? ¿Acaso no fue claro cuando lo creo?
Nunca habló, jamás contestó, respiraba muy de cerca y su aliento daba vida, pero el fin no era fundirse en una historia con su títere. Saber que se tiene el control es lo único que vale para un buen titiritero, jala y suelta el hilo lastimando la madera, que pacientemente se hiere ocultando su dolor en la esperanza.
Una, dos, tres, cuatro marcas y el titiritero sigue observando en silencio, un día, sin más cortará los hilos y dejará caer al precipicio al títere que cree tener vida, en la basura junto a los deshechos anteriores se dará cuenta que no fue nada, que su madera fracturada no se repondrá, porque se ha secado.
Un día llegó la razón…
y el títere jaló el hilo, puso frente a sí al titiritero y en silencio desató los nudos, dio vuelta a los hilos, mostró su madera herida. El titiritero observaba en silencio.
Vida y muerte, entrega y ruptura. Cada hilo borraba un no camino dejando huella profunda; torcía y destorcía sentidos; hurgaba en el pasado vacío y por instantes se volvía poner a las órdenes del titiritero.
La historia estaba apunto de empezar o acabar, pero no más títere suspendido en la nada. El titiritero observaba en silencio, indiferente, marcando líneas en hojas amarillas, revisando los materiales de que estaba hecho aquel títere al que le había hecho creer que era único, especial e insustituible. En silencio encontraría la falla y en silencio volvería a ser dueño de los hilos.
Vacío atrás, vacío adelante, juego sin sentido, baile para uno solo, aliento de vida efímera, que llegaba dos segundos antes de la muerte. Los hilos se volvían a tensar y el títere volvía a creer. ¿Hasta dónde o hasta cuándo?
No había luz ni camino marcado, el titiritero observaba en silencio, sus manos inmóviles, calladas, imaginaban nuevos hilos y materiales, una nueva creación, una palabra nueva o desgastada, pero que sirviera a un nuevo plan.

Jorge Alberto Chaleco Ruiz

La Poesía no es un atentado celeste
Es el lugar, el punto de encuentro
Con lo previsto, con lo predicho.

La Poesía desciende de las nubes de todas las cosas
Convirtiéndose en lluvia.
Desciende del aire; de lo más etéreo, y eterno.


Es la conclusión de siglos remotos y cercanos
Es también premonición de siglos venideros

Nace en el corazón que es fuego
Fuego que jamás se apagará
Porque es amor e imaginación.

Poesía nace también como la respuesta
inmediata del alma: lago transparente
Donde a diario se mira el rostro.

Digo que la poesía no es un atentado celeste,
Es solo un lugar, un punto de encuentro,
¡Es el epicentro del temblor!

Sara Bogarín

Día de playa


A quién se le habrá ocurrido cavar este pozo en medio de la playa. Ha sido larga la noche en este lugar tan estrecho y aunque parece que ya es de mañana casi no puedo ver nada, todo está oscuro aquí abajo y el cielo es apenas un punto luminoso que parece estar tan lejos. Sólo espero que mi familia no tarde en despertar y dándose cuenta de que falto venga a buscarme y sacarme de aquí porque hace mucho calor y tengo arena en los ojos, además me da miedo que antes de que alguien escuche mis gritos las paredes se vengan abajo y quede yo sepultado, será mejor que intente salir. Trato de asirme a la pared estirándome lo más alto posible y brinco al mismo tiempo que intento levantar mi cuerpo tirando de una piedra que encontré incrustada en la pared, pero no logro avanzar nada, antes la pared comienza a derrumbarse; vuelvo a intentarlo, pero esta vez se me ocurre que en lugar de volver a trepar verticalmente podría intentarlo de lado, así que apoyando un costado en el fondo del agujero coloco mis extremidades sobre una pared y me desplazo lateralmente; logro, aunque lentamente, avanzar más que en el primer intento, eso me anima por lo que continúo esforzándome y conforme trepo lo que en un principio pareció muy difícil se va haciendo más ligero, ahora puedo moverme mas rápido y no se me dificulta en nada asirme a la pared de arena. Ya está cerca la salida, puedo escuchar el mar reventado allá afuera, continúo ya despreocupado, pero deseoso de llegar a la orilla y refrescarme.
Finalmente la salida, lo logré, estoy fuera. A lo lejos acampa una familia, y yo sacudo mis tenazas y avanzo hacia el mar.

Herminio Ahumada Arriaga

La piel de Ícaro


Para Jesús, mi hermano, quien ha enterrado una musa
en la fosa común de los recuerdos...

Recordar, es naufragar en el occidente de tu puerto
En el arrecife de los poemas rotos y su quintaescencia
En cuyo abismo yace un navío muerto

Recuperar mis manos del frío asombro de tu piel ausente y de cuerpo presente cantar una épica al sortilegio maligno de tu Esencia

Por la alta investidura que me otorga tu culto
Invoco una procesión de poemas plañideros, que trazaron los senderos de amapolas y de misterio...


En la lúgubre vocación de tu vientre oscuro, se van marchitando mis sueños uno a uno

Busco en mis labios, la geografía perdida de tu aliento

Y mi piel traza los ya extraños linderos de tu cuerpo y tu voz progenitora del silencio forja la hoja en donde se destrozarán mis versos ...

Juan Pablo Rochín

Escafandra



Mi ánimo esperaba una señal de los cielos benditos a medida que el frío aumentaba, que disminuía mi visión en las profundidades del buque hundido frente a Balandra, a medida que la aguja del tanque cedía, que mi pierna sangraba atorada entre las vigas del galeón de finales de siglo, a medida que mi trofeo entre las manos parecía pesar cada vez más. No pude asir la luz de la superficie por más esfuerzos que hice por extender los dedos. La superficie, lejos de los tiburones que venteaban como se me escapa la luz, era toda belleza, satisfacción, esperanzas, tranquilidad, estudios sobre biología marina en la UABCS. Entonces me acordé de las celebraciones de fin de año y decidí experimentar con otros injertos en los invernaderos del abuelo al pie del Aconcagua.

Poesía Lorena Durán

Paraísos

Bajo un cielo de trópico
de cáncer de próstata
lánguido y mediocre
noctámbula
soy como una luna menstruante

Acudo a la escuela
para autodidactas
con el fin de volverme un arma
inofensiva
un alma desgarrada
sólo ignorante profesional
con menciones
horroríficas

Y cuando estoy cansada
y las letras me atacan, impasibles y violentas
y la estupidez y el olvido voluntario
me regresan a lo humano
encuentro en ti todos los
imposibles
y perfectos
paraísos

Cuento Javier Escalante

Pisadas


Pisé otra. Y otra más. Así regreso a casa, jugando un juego que había ideado unas cuadras antes. Piso otra más. Pobre de aquella que ose cruzarse en mi camino; de dónde saldrán tantas me pregunto mientras subo por mi calle entre los arbustos; mis pasos atentos y la vista puesta en mis huaraches del color de la noche, como ésta que se deja sentir a oleadas insolentes de humedad espesa, de calor de ropa pegajosa.
Otra más que persigo y piso, antes de cruzar la reja de entrada. Con su crujido de muerte aún fresco en los oídos, veo la ventana de mi departamento abierta de par en par y también la puerta. Claro, con este calor sudcaliforniano no se puede permanecer encerrado en ningún sitio, me digo cuando al entrar veo a Perla sentada en el piso de la cocina, al fondo, muy seria. Hola Perla, la saludo como siempre que la encuentro en casa. Me lo devuelve con su mirada de mar nadando en reflexiones. Mientras me saco la camisa empapada y pongo en velocidad máxima el ventilador más cercano, la miro. No deja de causarme cierta gracia cuando toma actitudes de mujer mayor a sus quince años; por favor, déjela pasar, que esté un rato en su casa, me ruega don Jorge, mi vecino, su padre. Yo la dejo estar. Incluso cuando tengo que salir dejo que se quede, sabe mucho más cosas además de cerrar una simple puerta si decidiera irse; como que no se siente a gusto en ninguna otra parte, añade don Jorge con risa y amargura mezcladas. Puedo llegar a casa y encontrarla pintando uno de sus coloridos cuadros, lo mismo que recortando fotos o notas de un periódico, que buscando algo para leer del revistero o simplemente husmeando en el pequeño jardín trasero. No la interrumpo. Hacía tiempo que entre nosotros se había establecido algo así como un código sin palabras que compartíamos tácitamente; decido darme la sexta ducha del día y entro a la regadera, oh delicia refrescante, vuelvo a la vida lentamente entre la espuma y los chorritos de agua de La Paz; abro un ojo en medio de tanto placer y miro asombrado por la ventanita hacia el jardín trasero.
Algo así como un destello, un rojo anormal; poniéndome un short voy hacia la cocina, Perla, ¿tú también...?, salgo al jardincito, el sudor empieza a sustituir al regaderazo; Perla no está por ningún lado, en el centro del jardín en medio de la arena bajo el pequeño cactus, una fogatita que arde, hay también lo que deduzco son unos papelitos y una mecha encendida. Intento correr hacia la puerta de entrada pero la explosión me lanza hasta el piso de la banqueta, junto al árbol del cual me apoyo para ponerme en pie, ni rastro de Perla ni de su padre y quizá ni de mi casa, no siento calor pero sí una capita de sudor frío cubriéndome el cuerpo; camino calle abajo y recuerdo el juego que había ideado cuadras atrás y minutos antes, la mirada puesta en pies ahora sin los huaraches del color de la noche. Seguro de no volver a encontrar a ninguna, de no volver a pisarlas, pienso Perla, tú también. Tú también quisiste acabar con tanta cucaracha cómo yo alguna vez, pero tú sí te atreviste.

Poesía Vianey Ruelas

Eres el camino de mi sangre
Partes de la frente
y de mi pecho
pendes de mis ojos
en las noches
pero vuelves una vez
en otro año
Tu perro espera mientras
en mis piernas
Lame un lunar
creyéndolo tus ojos
y tú prefieres jugar
con mi cabello
Volverá octubre
te digo
Y enojado
te esparces en el viento
Casi casi llorando